Los originales «Sueños de un índigo»

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POR: ANTONIO CRUZ

Que el microrrelato es uno de los géneros de moda, no cabe dudas; que se ha ganado, por derecho propio y sin demasiadas complicaciones, un lugar en las redes sociales, tampoco, pero se me ocurre que lo más importante para el género es cómo ha logrado abrirse paso en las editoriales tradicionales. Ha sido tan profundo el impacto que ha provocado esta microliteratura, que editoriales de renombre han comenzado a publicar libros de textos muy breves e inclusive, este fenómeno de la vida moderna, ha determinado la aparición de pequeñas editoriales independientes y en muchos casos casi artesanales, dedicadas en exclusivo a este tipo de escritura (tal el caso de Macedonia y La Aguja de Buffon, Argentina, Micrópolis en Perú y Editorial Sherezade de Chile).

A prima facie, basándonos en los conceptos vertidos en el párrafo anterior y la enorme difusión en las redes sociales (sobre todo, Facebook, Twitter y Google+) se ha implantado una idea errada acerca de la cualidad literaria de los microtextos y si bien es cierto, todo el mundo tiene derecho a escribir su historia, cualquier lector de ojo avezado podrá comprobar que entre los miles y miles de microrrelatos que se pueden leer en los mencionados sitios de Internet, muchos, muchísimos más de lo deseado, son de dudosa estirpe literaria. Como diría un amigo «Escribir microrrelatos no es para cualquiera»

Jomar Cristóbal (Chiclayo, Perú, 1982) que, según puedo percibir en sus «Sueños de un índigo», no se arredra e intenta meterse en esa difícil estructura canónica a través de sus microrrelatos, acomete una peligrosa travesía de la que sale airoso, no sin haber puesto en ello todo su empeño.

Al hojear estos cuentos, quien lea, podrá descifrar imágenes y alegorías propias de cualquier lenguaje poético, pero sobre todo, se va a enconar cara a cara con un hombre que sueña y que es capaz de construir su propio mundo.

Cristóbal, con acierto, se adueña de todas los artificios consentidos y absolutamente honestos para reescribir cada historia y generar una nueva lectura y una nueva interpretación de otros textos más antiguos, sin olvidar aquellos relacionados con su propia originalidad. Para explicarme mejor, puedo asegurarles que al leer los microrrelatos de Jomar no pude dejar de pensar (salvando cualquier comparación que pretenda hacer quien lea este texto) en el prólogo de la Historia universal de la infamia «Estas páginas… son el irresponsable juego de un tímido que no se animó a escribir cuentos y que se distrajo en falsear y tergiversar (sin justificación estética alguna vez) ajenas historias.» o en las famosas Falsificaciones de Denevi, quien emplea la palabra falsificaciones para enmascarar, de manera genial, la reescritura de textos de otros autores. Como para muestra basta un botón (o dos, tres o más) vaya el lector directamente a su microrrelato La hormiga (Pág. 25) que nos retrotrae a la escritura de uno de los maestros del género, David Lagmanovich y su “Hormiga escritora” o a las páginas 27 y 28, donde recrea la historia del unicornio y de Pegaso de manera ocurrente y con mucha idoneidad o al penúltimo texto del libro (Pág. 64) que me recuerda vagamente a un microrrelato llamado “Delirio onírico” que había leído hace tiempo pero que es absolutamente, un texto diferente e independiente.

La pregunta que algunos lectores se estarán haciendo en este mismo momento es «¿Y que las diferencia de las historias mencionadas?» Pues bien, la diferencia es que Jomar recrea estas historias con un toque personal y las transforma en algo nuevo, absolutamente original y que se aleja de tantos microrrelatos rebuscados que he leído cuando navego por las redes o del plagio en el que han incurrido numerosos escritores de microrrelatos, desgraciadamente, muy conocidos. ¿Constituye esto un pecado o una virtud? Si nos atenemos a la historia de la literatura, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la sentencia de Borges no tiene desperdicio. «Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído»… Entonces, ¿Cómo podríamos esquivar la influencia de aquellos autores con los que hemos descubierto y disfrutado de la literatura? ¿Cómo podríamos escribir sobre lo que no conocemos? Al fin y al cabo, Poe, Melville o Faulkner, por nombrar solo algunos, descienden (por llamarle de alguna manera) de conocidos escritores europeos.

En este momento, quizás sea menester plantearnos de manera sincera si existe la originalidad absoluta. Según mi criterio, la misma no existe completamente (ni en el arte ni en ninguna otra cosa); todo lo que construimos o creamos dentro de la literatura está originado en lo anterior.

Jomar es dueño de un lenguaje con el que no intenta la abstracción o la lógica, sino que trata de decirnos, a través de sencillas pero contundentes palabras, las verdades que él avizora en la vida y que se relacionan de manera directa con la ilusión y la esperanza o a los temores y angustias que le generan sus convicciones más profundas.

«Sueños de un índigo» está dividida en siete secciones o capítulos que, de alguna manera responden a una temática determinada con un hilo conductor, pero que en realidad, desde ópticas diferentes nos muestran la parte más íntima del escritor. La primera reúne textos brevísimos que, no tengo dudas de ello, hacen referencia de manera metafórica (y a veces no tanto) al título del libro. Los niños índigos, que más allá de nuestra aceptación como realidad o mito pseudocientífico, dejan de ser obsesión en el alma de Jomar y pasan a ser literatura. En la segunda nos muestra sus sentimientos y en la tercera su formación literaria; sucesivamente incursiona con desenvoltura en cuentos famosos de las letras universales dando una nueva vuelta de rosca a cada historia, con las Sagradas Escrituras (que entre sus manos dejan de ser tan sagradas para constituirse en mera literatura, una de las funciones primordiales de cualquier escritor que se precie de llamarse así), los fenómenos paranormales y hasta aquellos textos que, aparentemente, no tienen antecesor en el mundo literario y que se convierten en una especie de “Declaración de principios” del microrrelatista.

En síntesis, «Sueños de un índigo» constituye un libro con el cual, todos aquellos que lo lean, seguramente quedarán satisfechos y de esta manera se habrá cerrado el círculo de la creación literaria al juntarse lo lúdico de Jomar cuando escribía estos microrrelatos y el placer hedónico que sentirán todos aquellos que recorran su mundo.

JOMAR CRISTÓBAL BARSALLO (Chiclayo, Perú, 1982) es Licenciado en Literatura. Autor de la micronovela El dos veces nacido (2011), ha sido antologado endiversas publicaciones: Suplemento Cultural Solo 4 (Diario Correo, Huancayo), Circo de Pulgas (Ediciones Micrópolis – Plesiosauro). Antología 69 (Ediciones Altazor) y en la Antología Trinacional «Borrando Fronteras» (Perú, Chile y Argentina).

También participó de manera activa en las Jornadas Peruanas de Minificción, organizadas por el Grupo Literario Micrópolis.

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